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El Flamenco en Cadiz
Afición al Cante, al Baile y al Rasgueo de la Guitarra

La provincia Cádiz, privilegiada para los aficionados al cante, al baile y al rasgueo de la guitarra, es hito fundamental en los itinerarios del flamenco, la expresión artística que es distintiva de Andalucía. En esta tierra forjadora de cantes -"petenera", "tanguillo", "cantiñas", "mirabrás", "bulería", "romeras", y cuna de grandes intérpretes, el legado flamenco se manifiesta como un elemento cultural, social y estético íntimamente ligado a las ferias y a las reuniones festivas, incluso familiares, y que, además, se ofrece en numerosos festivales, peñas, tertulias, tablaos y sociedades que promueven su divulgación y posibilitan su conocimiento y disfrute.

El flamenco, música andaluza eminentemente popular, hunde sus raíces en la "toná", cante primitivo del que surgirían el "martinete", en que el cantaor se acompaña con el sonido del martillo de la fragua, y la trágica "seguiriya" de la que, a su vez, nacería la "serrana", a través de las "livianas", Como acompañante del baile surgen las "soleares", estando emparentadas o influidas por ella el "polo", las "bulerías", las "alboreas", las "cantiñas", las "alegrías", las "romeras", el "mirabrás" o los "caracoles", Otro palo del flamenco son los "tangos", del que derivarían los "tientos". Los "fandangos", el "garrotin", las "sevillanas", el "villancico" y la "saeta" son algunas de las variantes de este arte andaluz.

Está aceptado por los entendidos que el flamenco, en su estado más puro, se concentra en la Baja Andalucía, entre las provincias de Sevilla y Cádiz siendo Jerez, "los puertos" y la propia capital, en la provincia gaditana, sus más activos e importantes focos, Dilatadísima, casi abrumadora, es la nómina de cantaores, guitarristas y bailaores cuyo prestigio y trascendencia hicieron, y continúan haciendo, de Cádiz y provincia, un referente indiscutible del arte flamenco: Manuel Torre, Antonio Chacón, Espeleta, Sellés, Dolores La Petenera, Perla de Cádiz, Enrique Ortega, Macandé, Enrique el Mellizo, Pericón de Cádiz, Pepa de Oro, Camarón de la Isla, Chano Lobato, Nano de Jerez, Rufino de Paterna, Pepe Sanlúcar, Beni de Cádiz, Rancapino, Pansequito, La Paquera, La Sayago, Diego el del Gastor, Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar, Paco Cepero, Parrilla de Jerez, Moraito Chico, Lola Flores, Macarena Andrades, Marisa Albaicín, Gitanilla de Bronce, Carmen Guerrero, Sara Baras, Noemí Collantes,...

Jerez, Cádiz y los Puertos

"Taconeo"


 
Los más destacados templos levantados en Jerez a partir de su conquista cristiana, nominan los enclaves urbanos más castizos de esta ciudad. Así, la magnífica iglesia de Santiago es el corazón de uno de los barrios con mayor sabor flamenco de Andalucía, donde las "bulerías" unen sus tercios arrastradas por el vertiginoso ritmo de la guitarra y el baile. Tradicional asentamiento de la comunidad gitana, Santiago ha sido cuna de generaciones de "cantores", "bailaores" y "guitarristas" cuyo arte íntimo y profundo continúa aflorando en el ambiente de sus calles y peñas. Por San Miguel, el otro barrio jerezano de tradición flamenca, parece persistir la sombra de la voz rasgada del gran Manuel Torre y el eco del temperamental taconeo de la mítica Lola Flores.

Jerez, una de las ciudades más versadas en flamenco de toda Andalucía, es un buen lugar para gustar del ambiente en que se desarrolla este sentimiento íntimo y tan representativo de la cultura popular andaluza cuyos conocimientos pueden ampliarse con la visita al "Centro Andaluz del Flamenco", ubicado en el dieciochesco Palacio de Pemartín del barrio de Santiago.

La Ruta de "Camarón"
"Arte, duende"
Sentimiento del Flamenco


 
Por San Fernando, cuna del malogrado José Monge "Camarón de la Isla", se desarrolla un recorrido sentimental que evoca la mítica figura de este genial intérprete del flamenco y que nos lleva, desde su casa de nacimiento, en la calle del Carmen, a la fragua familiar, al monumento con su esfigie sedente que en honor del cantaor esculpiera Antonio Mota, a la peña flamenca de su nombre en la calle Manuel Arriaga, a la Venta de Vargas, donde se dio a conocer de niño y se exponen numerosos recuerdos fotográficos de la vida del artista, y al panteón del cementerio local, obra de Manuel Correa y Alfonso Berraquero, donde reposan sus restos.