A finales del siglo XV, la fama de Cádiz como puerto fundamental en las conexiones africanas y las rutas del comercio internacional era bien conocida por muchos navegantes que ampliarían en esta agua sus experiencias náuticas. Uno de ellos, Cristóbal Colón, quiso hacer realidad en tierras gaditanas una fabuloso proyecto para el solicitó patrocinio a don Luis de La Cerda, duque de Medinaceli y señor de El Puerto de Santa María, y a los duques de Medina Sidonia, señores de Sanlúcar. Colón, quien no fue atendido en sus pretensiones en los puertos gaditanos consiguió, a la postre, apoyo de los Reyes Católicos para su trascendental plan de navegación que efectuaría en 1492, desde el puerto onubense de Palos de la Frontera, perteneciente a la Corona de Castilla. Ya como Almirante de la Mar Océana, Colón volvería a Cádiz en diferentes ocasiones. Así, en 1493, parte del puerto gaditano con una flota de 17 naves para realizar el segundo de sus viajes descubridores, del que regresaría a la misma ciudad tres años después.
En 1498 es otro puerto de su entorno geográfico, Sanlúcar de Barrameda, el que despedirá a Colón en la tercera de sus travesías. Y aún, en 1502, de nuevo será Cádiz el punto de partida de la cuarta y definitiva expedición colombiana al Nuevo Mundo.
La temprana experiencia americana de los puertos gaditanos se ampliaría con numerosas expediciones colonizadoras y continuados intercambios mercantiles. Tantos y tan dilatados influjos americanos se reflejan hoy en copiosas huellas arquitectónicas que se mantienen especialmente vivas en Cádiz, El Puerto de Santa María y Sanlúcar de Barrameda.
Ruta Sanlúcar de Barrameda "Palacio de Medina Sidonia " Sanlúcar de Barrameda

Sanlúcar, en la entrada fluvial a Sevilla, desarrolló una importante actividad ultramarina cuyos hitos más trascendentes quedaron fijados en el inicio del tercer y decisivo viaje colombino, en 1498, y en la gesta de la primera vuelta al mundo (1519-1522) a manos de Magallanes y Elcano.
La Sanlúcar indiana y colonial ha quedado perpetuada en una dilatada nómina de conventos, casas solariegas y hasta en un barrio de Bretones que testifican de la continuada y decidida política de fomento y amparo del comercio auspiciada por los duques de Medina Sidonia, señores de la localidad.
El Palacio de los Duques de Medina Sidonia fue el centro administrativo de las enormes posesiones de los señores de Sanlúcar. En su interior destacan los salones de Columnas y de Embajadores, una buena colección de mobiliario de época y de pinturas, entre ellas, magníficos cuadros de Roelas, y el importante archivo de la Casa Ducal que conserva la memoria navegante de Andalucía. Cuenta igualmente con un frondoso jardín escalonado y un sencillo y blanco exterior en el que sobresalen la llamada Reja de la Pendencia y el escudo de los duques titulares.
La casa-palacio del Marqués de Casa Arizón , con sus enormes almacenes, zona residencial y torre-mirador que permitía seguir la partida y llegada de las naves, es uno de los más completos ejemplos de mansiones solariegas que evocan el poderío de las dinastías de cargadores a Indias.
También la fortaleza gótica de Santiago , levantada en la segunda mitad del siglo XV por el duque Enrique el Magnífico para dominar la entrada al río Guadalquivir, tuvo una vinculación americana que vino determinada por su función defensiva del acceso a Sevilla y por la influencia estilística de su portada de la Sirena, que sirvió de ejemplo a algunos artistas que embarcaban hacia el Nuevo Mundo y erigieron en aquellas tierras conjuntos similares. La artillería existente en este castillo fue transportada a Cartagena de Indias en 1698.
En el Centro de Recepción "Fábrica de Hielo" , punto de información sobre Doñana ubicado en el antiguo puerto de Bajo de Guía, se dedica una gran sala a los viajes y al comercio ultramarino donde se expone la réplica de un galeón con su avituallamiento y referencias a la Primera Vuelta al Mundo que tuvo su punto de inicio y final en el puerto de Sanlúcar. Ruta el Puerto de Santa María "Palacio de Medinaceli" Residencia de los Señores del Puerto
 El Puerto de Santa María jugó un papel de primerísimo orden tanto en los hechos relacionados con la aventura descubridora del Nuevo Mundo como en los posteriores momentos de relaciones mercantiles entre Andalucía y las tierras americanas. La posición geográfica de la localidad, muy cercana a Cádiz y Sevilla, y su resguardado emplazamiento junto a la desembocadura del río Guadalete, harían de esta ciudad un punto fundamental como base de flotas y lugar de expedición de cargamentos destinados a Ultramar.
Los palacios portuenses, antiguas residencias de potentados cargadores a Indias, y buena parte del entramado urbano de la localidad, son ejemplos de una arquitectura civil de ecos americanos bien definidos. Sede de una de las Capitanías Generales de la Mar Océano, El Puerto poseía buenos astilleros donde se equiparon muchas naos de la carrera indiana, siendo también el lugar donde Juan de la Cosa, cartógrafo y piloto de la "Santa María", confeccionase, en 1500, el primer mapa-mundi.
Ubicada junto al cauce del Guadalete se encuentra la Fuente de las Galeras Reales, bellamente decorada y con remate del escudo real cuyo fin era abastecer a las flotas y expediciones con destino a las Indias. Fue construida en 1735 por el maestro Bartolomé de Mendiola por mandato de Tomás de Idiáquez, autoridad suprema de la Bética durante el reinado de Felipe V.
Del Palacio de Medinaceli, residencia de los señores de El Puerto, a uno de cuyos miembros, Luis de La Cerda, solicitó patrocinio Cristóbal Colón para su proyecto de navegación, apenas si quedan unos restos de lo que debió ser una majestuosa construcción y que son visibles en las calles Palacio y Micaela Aramburu de Mora, en las inmediaciones del río Guadalete.
Entre las casas más representativas de cargadores a Indias aposentados en El Puerto encontramos la de los Vizarrón o de las Cadenas, situada en la Plaza del polvorista, que acogió durante una temporada a Felipe V e Isabel de Farnesio como se nos recuerda en una lápida colocada en su bonito patio porticado. El Palacio de Purullena, en la calle Federico Rubio, esquina a Cruces, es otro claro ejemplo de la importancia que llegaría a alcanzar la burguesía mercantil en sus relaciones con Indias. Al igual que el Palacio de Imblusqueta, en la Plaza del Polvorista, un edificio destinado a sede del Ayuntamiento portuense tras una profunda remodelación. Y aún habríamos de hacer mención a la casa de Roque Aguado, en la misma Plaza del Polvorista; la de los Rivas, en la calle Palacio; el Palacio de Aranibar, actual Palacio de Justicia, en la Plaza del Castillo, y el edificio de la Antigua Aduana, ubicado en la Avenida de la Bajamar.
El Monasterio de la Victoria, situado a extramuros de la ciudad, junto a la carretera N-IV, es un interesante conjunto arquitectónico del último gótico mandado levantar por el duque Juan de La Cerda en los primeros años del siglo XVI, siendo donado por su constructor a la comunidad de Mínimos de San Francisco de Paula quienes lo habitaron hasta su desamortización. Tras ser convertido en centro penitenciario, función desempeñada hasta hace unos años, el edificio ha sido reutilizado como centro municipal dedicado a exposiciones y convenciones.
Entre los miembros de la comunidad que habitaron este convento se encontraba fray Bernal Boyl, primer Vicario Apostólico del Nuevo Mundo, quien embarcaría con Colón en el segundo de sus viajes para iniciar la evangelización de las tierras americanas. Fundado por Alfonso X en la segunda mitad del siglo XIII, el Castillo de San Marcos realizó una fundamental función defensiva de las flotas que se abastecían en el río Guadalete antes de iniciar sus viajes al Nuevo Mundo. La tradición afirma que en este castillo residió Cristóbal Colón cuando se encontraba en la ciudad con objeto de conseguir el apoyo del duque de Medinaceli. Ruta Cádiz "Catedral de Cádiz"

Gracias a su milenaria experiencia navegante, a Cádiz se le reservó un alto protagonismo ya en los albores del descubrimiento del Nuevo Mundo y, mucho más, a partir del traslado de la Casa de Contratación, en 1680, en que la ciudad se erige en indiscutible Puerto de América.
Suele decirse, no sin razón, que Cádiz estuvo más cerca, en cierto modo, de La Habana o Buenos Aires, que de Madrid. No es de extrañar esta cercanía espiritual y económica, ya que no geográfica, si tenemos presente que, hasta bien avanzado el siglo XIX, toda la vida gaditana estuvo supeditada al movimiento de su puerto con Hispanoamérica.
La Cádiz actual no se entendería sin su gran pasado americano. Es tal el cúmulo de recuerdos que dejó en la ciudad su prolongada vinculación con el Nuevo Mundo que bien pudiera llegar a abrumar al visitante. Y hasta podría hacerle creer, por lo inconfundible de su fisonomía y sus modales, que Cádiz es una ciudad antillana misteriosamente implantada en el Sur español merced a un indescifrable proceso de cirugía geográfica. Un paseo por el frente marítimo gaditano, desde La Caleta al Campo del Sur, nos evoca la imagen del malecón de la capital cubana y la mutua afinidad de estas dos ciudades que tan magníficamente cantara Carlos Cano, con letra de Antonio Burgos, en sus "Habaneras de Cádiz": "La Habana es Cádiz con más negritos/Cádiz es La Habana con más salero".
La Catedral de Cádiz es la catedral americana por antonomasia. Proyectada como un grandioso templo barroco que pudiese ser visto desde muchas millas mar adentro, venía a representar la importancia y el prestigio de la monarquía católica española y sus numerosas posesiones ultramarinas. De hecho, la construcción de la nueva Catedral gaditana, cuya influencia arquitectónica es palpable en destacados edificios religiosos levantados en el Nuevo Mundo, fue financiada en buena parte con fondos provenientes del comercio indiano.
Considerada como la última de las grandes catedrales levantadas en España, el templo catedralicio de Cádiz fue proyectado por Vicente Acero quien inició su construcción en 1722. Continuada por Gaspar José Cayón y Torcuato Cayón, su edificación no quedó concluida hasta 1853, año en que Juan de la Vega y Correa culmina las torres. En el Panteón catedralicio se conserva la tumba de Manuel de Falla, autor de "La Atlántida".
Una de las características arquitectónicas que mejor define al "Cádiz americano" es la proliferación de torres- miradores, o torres-vigías, que los comerciantes locales levantan a partir de finales del siglo XVII para observar la actividad portuaria y vigilar las entradas y salidas de los buques. De las más de 160 de estas torres civiles con que contó la ciudad en el siglo XVIII, como se puede comprobar por la maqueta que se conserva en el Museo Histórico Municipal, aún restan más de un centenar de ellas repartidas por el casco histórico gaditano.
Entre las más destacadas torres-miradores, en sus diferentes tipos de garita, terraza o sillón, que aún podemos admirar como remates de muchos edificios de Cádiz, se encuentran las de la "Casa de las Cinco Torres", en la Plaza de España; las "Cuatro Torres", en la plaza de Argüelles; las de la Plaza de Mina y Alameda de Apodaca; la de la Casa de las Cadenas, en la calle Cristóbal Colón; y, especialmente, por su enorme popularidad, la Torre de Tavira que culmina la Casa de Recaño y que, en ocasiones, sirvió de torre oficial del puerto gaditano.
Entre las numerosas residencias y palacios de los comerciantes con las Indias que aún restan en el urbanismo gaditano, sobresale especialmente la llamada Casa del Almirante, barroca del siglo XVII, con riquísima portada de mármol italiano y torres-miradores, ubicada en la Plazuela de San Martín, corazón del medieval barrio del Pópulo, cuya vinculación americana deriva de su pertenencia a Ignacio Barrios Leal, quien llegaría a ser Almirante de la Armada y Flota de Nueva España. Junto a esta vinculación personal, el edificio es una clara muestra de casa-palacio que definiría a las mansiones de comerciantes con Indias que se levantan en Cádiz a partir de la instalación en la ciudad de la Casa de Contratación, siendo las más destacadas de ellas las casas de Fragela, de Lasquetty, de los Lila y la de las Cadenas.
También los conventos relacionados con el Nuevo Mundo son abundantes en Cádiz. El Convento de Santo Domingo, titulado Nuestra Señora del Rosario, fue fundado para albergar a los frailes predicadores que esperaban su traslado a las misiones de ultramar. Esta edificación religiosa, levantada por Antón Martín Calafate a partir de 1645, es otro destacado monumento del Cádiz americano cuya fisonomía arquitectónica y sus características yeserías barrocas traen a la memoria ejemplos repetidos en el Nuevo Mundo.
La imagen titular del monasterio, Nuestra Señora del Rosario, no solamente es patrona de la ciudad de Cádiz, sino de la propia Carrera de Indias. Una talla moderna de la desaparecida imagen de igual nombre, réplica de "La Galeona" que acompañó como protectora a las Flotas de Indias, se conserva en una dependencia de este convento.
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